- Guardará bien mis cabellos, ¿verdad?- me dijo ella- . A todos les gustaban mis cabellos. Y si no me llego a morir, vamos a Sevilla. ¿Si? ¡Es tan bonito Sevilla! Por la tarde, en las Delicias, todo el mundo lleva flores en la mano
- Guardará bien mis cabellos, ¿verdad?- me dijo ella- . A todos les gustaban mis cabellos. Y si no me llego a morir, vamos a Sevilla. ¿Si? ¡Es tan bonito Sevilla! Por la tarde, en las Delicias, todo el mundo lleva flores en la mano
Ocnos’ también me sirvió de inmejorable vademécum para seguirle los pasos a Cernuda por las rutas de Sevilla. Me asomaba a la casa de la calle Acetres donde nació, entre la antigua universidad y la plaza del Salvador; recorría las inmediaciones tratando de resucitar la sombra atribulada del poeta, buscaba en fin refrendos imposibles a aquellos recuerdos suyos de tan minuciosa desolación

Cuando íbamos hacia el teatro, pasamos frente al palacio de Caballería, junto al Hospital de la Caridad, y vimos allí, sobresaliendo, montándola, tres jazmineros cuajados de flores blancas que invadían la calle con ese olor que solo en Sevilla tienen los jazmines. Es tan increíble ese perfume, que podría perfectamente cotizar en Bolsa, si a alguien se le hubiese ocurrido ya esa operación. Hacía un tiempo, además, benigno, templado, mórbido, como tapizado. Quizá fuese por el olor a jazmín que en esa ciudad acolcha todas las calles. De ese modo caminar por Sevilla es como ir en una limusina forrada de raso.
Iasmina quorum virtutes Aner laudat, laudanda sunt ob alias gratias : levitas humilis floris , viridis color parvarum foliarum et pracipuum donum quo carent rosae, ut notum est, non spinas habent , non pungunt, solum recondita odorant vias, palatios, atrios.
Miraba los edificios, el estadio, el parque, las circunvalaciones, el cielo blanquecino y amargo. Ahora era un paisaje anodino, una vista sin más. Me fijaba en un punto en mitad del río, un punto insignificante…
De improviso se quedó mirando fijamente a la pared como si estuviese hipnotizado. Allá, en lo alto, brillaba una lamparilla, iluminando una estampa del Cristo del Cachorro, que Sole había cortado de una revista ilustrada española, y a la que en los momentos de congoja solía ella encender una candelica. Paseó los azules ojos asombrados por toda la pieza, yendo sucesivamente de la estampa del Cristo a Sole y de Sole a mí, con una estúpida expresión de asombro en el rostro.
Sevilla está siempre bonita de todas las maneras, como las novias. Sol. Frío de enero. Le han metido a uno en un hotelito modesto de la alameda de Hércules
Una vez cruzada la puerta del Rectorado, Víctor sintió el sedante frescor de la piedra fría que le calmó los vapores provocados por el intenso calor externo. El vasto espacio empedrado, en cuya izquierda se encontraba la casa hermandad de los Estudiantes, contaba con dos majestuosas escaleras de mármol que daban acceso al paraninfo de la Universidad. Una vez cruzada la entrada, se sucedían los patios porticados en los que se organizaban los nazarenos de los Estudiantes antes de su salida en procesión, que tenía lugar el martes Santo
Porta rectrice inita, duo sensus Victore potiuntur : Odor aeternus liliorum quae Christum totiens ornaverunt et rythmus profanus Carmenis de amore volubili qui venit et vadit
Estuve en Sevilla y se abrió el cielo. Sevilla, que es la ciudad de la medida, se transforma cuando llueve en la ciudad de la exageración. Pero una vez más –y van…–, comprobé que es muy complicado reunir tanta belleza como la que Sevilla regala. Los jacarandas van hacia la desnudez del otoño, las buganvillas se mantienen a duras penas y al azahar le aguardan muchos meses para estallar en primavera. Por la calle San Fernando circula el tranvía con más corto recorrido de Occidente.
Fama est pluviam in Hispali esse prodigium ,ergo ille Ussia cuius gratia complebat libros et conloquia, dat pulchritudinis talis fidem ut fiat difficile ferendi
El zaguán daba directo sobre un patio sevillano, cuadrado y blanco de cal reciente, con naranjos florecidos y el piso empedrado con los mismos azulejos de las paredes. Había un rumor invisible de agua continua, macetas de claveles en las cornisas y jaulas de pájaros raros en las arcadas
Don Juan nació en Sevilla, ciudad hermosa de España, célebre por susmujeres. Creedme que es digno de lástima aquél que no la ha visitado nunca.Así lo dice el proverbio, y yo soy de ese dictamen: entre todas las ciudadesespañolas no hay ninguna más bonita, ni más gentil
Este clavel es el mundo, que se ha hecho del tamaño de un clavel, digo, de Sevilla, que está prendida, clavel único, madre de claveles, sobre el pecho izquierdo de la naturaleza.
…La tarde va cayendo, y como una mantilla negra, el anochecer viene sobre Sevilla; y la luna, roja igual que un clavel, asoma entre su nuca, fresca con el río, y el cielo hondo de su pelo.
Los hechos que se narran hablan de que Juan Galván acompañado por Toni De Elías y Alfredo Hermosín se introdujern en el monumento de la Giralda, antiguo alminar de mezquita y hoy campanario de la catedral de Sevilla, infiltrándose en un grupo de turistas rusos que visitaban el monumento. Cuentan los testigos que una vez adentro se apartaron del grupo de rusos y subieron a toda velocidad las 35 rampas de la torre, dispuestas de esta forma para ser subidas a caballo...
...todos ellos han surcado durante milenios las aguas del auténtico rey de Andalucía, el Guadalquivir, antes llamado Baetis y antes osiblemente Tartessos; de un río que en cuanto pasa Sevilla se va convirtiendo en ría, en un caso claro de travestismo fluvial. Si sabemos escucharlo, el río aún nos habla de las Indias , de extraordinarias riquezas y tesoros inmensos que llegaron de países lejanos; nos habla de uvas y de olivos, de naranjos y arrozales, de guitarras y palillos, de abanicos y mantillas, de tacones y lunares; nos habla de descaradas cigarreras y seductores temerarios, de caballos y de toros, de poetas y de frailes cartujanos…
Apud haec pulchra verba,carmen populare:
Eheu,flumen Hispalis,
Quam optime videris
Plenum velis albis
Et ramis viridibus!
–A la hostelería. Soy empresario. ¿Has oído hablar del Montpellier?
–Toni es dueño de dos restaurantes y socio de varios locales de moda –dijo Begoña–. Deberías venir un día a Sevilla y conocerlos. Creo que te gustaría –dijo Begoña–. El Montpellier tiene una cristalera enorme y un jardín precioso.
Fuera de la estación, en unos puestos algo precarios, se exhiben mil cosas que Ana nunca había visto. Abanicos de papel pintado o con encajes de nylon, decorados con rosas de colores sorprendentes; toreros cimbreados; gitanas con su bata de cola; toros adornados con cintas; caballeros reverenciosos, peinados como putas de lujo (deducido de ciertas lecturas que su hijo, el pequeño, le hacía antes de la guerra). Y más cosas: reproducciones en metal dorado de la Torre del Oro, mantones de Manila (viejo sueño de Ana no), sombreros cordobeses… Y Vírgenes. Todas. O sea, todas las identidades con las que se ha travestido a la Santa Virgen. Innumerables. Y frutas. Y dulces.
Ante Annae oculos ars humilis et ingenium elaboratum Hispalensis populi exponebantur: res incredibiles ornatae, taurologi et tauri picti, Virgines in totis nominibus, et alia et dulcia.
La famosa holgazanería del andaluz es precisamente la fórmula de su cultura. La cultura no consiste en otra cosa que en hallar una ecuación con la que resolvamos el problema de la vida. Pero el problema de la vida se puede plantear de dos maneras distintas. Si por vida entendemos una existencia de máxima intensidad, la vida nos obligará a afrontar un esfuerzo máximo. Pero reduzcamos previamente el problema vital, aspiremos sólo a una vita mínima: entonces, con un mínimo esfuerzo, obtendremos una ecuación tan perfecta como la del pueblo más hazañoso. Este es el caso del andaluz. Su solución es profunda e ingeniosa.
Tenía en la pared un azulejo representando el Cristo del Gran Poder de Sevilla, y debajo un barómetro
“Hemos llegado a Sevilla con lluvia, lo cual es una lástima, porque Primavera, Sevilla y este tiempo, no casan. Se me figura que es la venganza de Cernuda para con quienes hemos venido a remover sus huesos con este congreso y este álbum”
Locuras sin fundamento, Andrés Trapiello, Editorial Pre-Textos, pág 134
Ratas del aire. Eso dice siempre la Tata. Me se quedó clavada aquella frase la vez que me llevó a la plaza de las palomas del Parque de María Luisa. La gente compra paquetes de alpiste y abre la mano y las palomas vienen y de repente todo tu cuerpo es un traje hecho de palomas. Le pedí a la Tata que me comprara un paquete, y como yo era más pequeño empezaron a venir palomas y sentí un pánico inmenso. Con la nerviosera me se rompió el paquete entre los dedos. Y las palomas estaban por todos lados, picoteando no solo mi mano, sino también mis hombros, el cuello, el pelo, los bolsillos del chaquetón. La Tata empezó a echarlas dando manotazos y tirando el alpiste al suelo
Urbanissima vita et amor immodicus hominum fecerunt columbas et canes et gattos, gavias ita amabiles ut regnum animale quod leges et iura habuerat, invadat regnum humanum et pugnet ad iura mutandum