De improviso se quedó mirando fijamente a la pared como si estuviese hipnotizado. Allá, en lo alto, brillaba una lamparilla, iluminando una estampa del Cristo del Cachorro, que Sole había cortado de una revista ilustrada española, y a la que en los momentos de congoja solía ella encender una candelica. Paseó los azules ojos asombrados por toda la pieza, yendo sucesivamente de la estampa del Cristo a Sole y de Sole a mí, con una estúpida expresión de asombro en el rostro.
El maestro Juan Martínez que estaba allí, Libros del Asteroide, pág150
