Cuando íbamos hacia el teatro, pasamos frente al palacio de Caballería, junto al Hospital de la Caridad, y vimos allí, sobresaliendo, montándola, tres jazmineros cuajados de flores blancas que invadían la calle con ese olor que solo en Sevilla tienen los jazmines. Es tan increíble ese perfume, que podría perfectamente cotizar en Bolsa, si a alguien se le hubiese ocurrido ya esa operación. Hacía un tiempo, además, benigno, templado, mórbido, como tapizado. Quizá fuese por el olor a jazmín que en esa ciudad acolcha todas las calles. De ese modo caminar por Sevilla es como ir en una limusina forrada de raso.
Iasmina quorum virtutes Aner laudat, laudanda sunt ob alias gratias : levitas humilis floris , viridis color parvarum foliarum et pracipuum donum quo carent rosae, ut notum est, non spinas habent , non pungunt, solum recondita odorant vias, palatios, atrios.























.jpg)





.jpg)





.jpg)

.jpg)


