La experimenté por primera vez un día o dos después de haber sido trasladado a la cárcel de Sevilla. Me hallaba de pie junto a la ventana retranqueada de la celda número 40 y, con un trozo de muelle que había sacado de mi colchón, garabateaba fórmulas matemáticas en la pared
Incredibile creditu est ut ille qui vacuas domus paeninsulae descripserit , oblitus sit indicere hanc carcerem ubi ille saggitarius Odisseus tempus dulcorare mathematico modo tentabat.
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